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La Paradoja de la Navidad

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¿Y a ti quién te dijo que Dios es Santa Claus?

¿Por qué Señor? ¿Qué acaso no me escuchas? ¿Por qué no cumples tu palabra, Señor? Oro a ti día y noche y sigues sin contestarme... ¿Te has olvidado de mi, acaso?
Dice Santiago 4:3 "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites."


Pero Señor, tu palabra dice en Lucas 11:9: "Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá."
Y además dice en Marcos 11:24 "Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá."
TODO, Señor, allí dice TODO!


¿Pero acaso has abierto la Palabra de Dios en Juan 15:7? Corre, ve por tu Biblia y ábrela.

"Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho."


¿Notas algo curioso en la estructura gramatical del versículo? Utiliza la palabra si al comenzar. Eso es un condicional, o puesto de una manera más clara: Pide lo que quieras y te será dado SIEMPRE Y CUANDO yo (Jesús) y mis palabras (man…

Aquí estoy.

Pensé que podía malgastar mi vida sin consecuencia alguna,
que podría hacer lo que me placiera sin necesidad de darte cuentas.
¿Cómo puedo ser tan malagradecida?

Me alejé por el camino que me pareció correcto,
quizá pensé que sería divertido, que sería fácil.

Me dijiste que te escuchara, que me guiarías por sendas de paz
pero seguí caminando sin mirar por dónde estaba pisando...

Una a una me tragué las mentiras que me ofreció el mundo,
voces y más voces, a mi parecer, muy sabias.

Las escuché y canté su melodía.

Un día me desperté en medio de un charco de asqueroso lodo.
Tierra sucia, barro indeseable, polvo de lágrimas.

Me quedé sentada durante unos instantes, me dije a mi misma que debía ser fuerte,
que no tenía nada de malo, que todos estaba allí.
Poco a poco las voces rompieron mi silencio y comenzaron a hablar de nuevo.
Esta vez presté atención y las voces que me habían parecido tan sabias en realidad sonaban tan confundidas como la mía.
Entonces caí en la cuenta ¿Qué estaba hac…

Él perdona...

Ya está. Conocemos lo que hay que hacer para arrepentirnos de nuestros pecados.
Sabemos que Dios nos perdona. ¿Lo sabemos?
Pero... existen cosas en nuestro pasado que guardamos bajo llave muy, muy en lo profundo de nuestro corazón.
No queremos que nadie lo sepa, es más, ni siquiera queremos recordarlo nosotros mismos. Pero es parte de lo que somos y es lo que nos trajo al lugar en donde estamos ahora, sea bueno o malo.
Algo nos pesa, venimos arrastrando un algo desde muchas millas atrás.
Es entonces cuando tienes que detenerte y revisar tu cofre de secretos.
Algo allí no anda bien. Algo allí te detiene.
¿Por qué?
Entonces quizá contra nuestra voluntad, recordamos ese algo que habíamos logrado ignorar por un rato y nos damos cuenta de lo mucho que nos pesa.
Caemos en la cuenta de que nos está hiriendo el pasado y quizá dudamos si Dios podría perdonarnos eso.
Pero no lo dudamos porque sea algo que haya que cuestionarse.
Dios perdona. El lo prometió.
El perdona a los que se arrepienten …

Una guía

Salmos 25:8-10 (Biblia en Lenguaje Sencillo)

8-10 Dios mío, tú eres bueno
y siempre actúas con justicia.
Enseñas a los pecadores
a hacer lo bueno;
enseñas a los humildes
a hacer lo bueno y lo justo.
Con quienes cumplen tu pacto
y obedecen tus mandamientos
tú siempre actúas
con amor y fidelidad.


Y la vida se vuelve mucho más sencilla (nunca dije fácil) cuando te das cuenta de que si decides agradar y obedecer a Dios en todo, todas las demás áreas de tu vida comienzan a girar alrededor de Él.
Las cosas son más sencillas, porque todos los mandamientos de Dios son para protegernos y darnos una bendición.

Así que, dejándolo guiar nuestras vidas nos estaremos quitando un enorme peso de encima, claro, hay que poner de nuestra parte ¿No?

Escuché una vez que alguien dijo "Ojalá existiera un manual para la vida."
Bueno, eso no existe, haría a la vida insípida, pero sí tenemos una guía de lo que está bien y mal, y de lo que Dios tiene …

Afan...

"Por eso les digo: No se preocupen por su *vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?"

Cómo miles de personas en México, mi familia no se libró de los estragos de la crisis económica.
No me había dado cuenta de cuánto estrés estaba reteniendo dentro por lo mismo.
No es la primera vez que atravezamos momentos difíciles, sólo que entonces era muy pequeña como para darme cuenta.
Ahora, que manejo en mi diario vivir un poco más de capital para gastos escolares, recreativos o necesarios, puedo sentir la preocupación de saber administrarlo correctamente.
Ese miedo de derrochar las cosas... esa sensación de impotencia.
Gracias a Dios por que Él siempre cumple sus promesas, nunca nos ha faltado ni nos faltará que vestir, dónde dormir o que comer.
No estamos en el hoyo ni mucho menos, pero las carencias comienzan a sentirse.
Esa presión.

Pero hoy, mi papá compartió con nosotros un testimonio…